El mito del regreso de Quetzalcóatl

La Crónica Mexicana de Alvarado Tezozómoc relata aquella mañana en que Moctezuma II es informado de la presencia en la costa
veracruzana de seres muy diferentes a los mexicas:(Hernan Cortés y sus gentes) y se creyó que éste era el dios Quetzalcóatl.

Acerca de la llegada de este último, Sahagún nos dice que:
“Como oyó la nueva, Moctecuhzoma despachó gente para el recibimiento de Quetzalcóatl, porque pensó que era el que venía, porque cada día le estaba esperando, y como tenía relación  que Quetzalcóatl había ido por la mar hacia el oriente, y los navíos venían de hacia el oriente, por esto pensaron que era él…”

Muchos presagios funestos se habían presentado en aquellos días, y esto mantenía pensativo a Moctezuma. El tlatoani de Tenochtitlan se apresura a enviarle a Cortés varios obsequios, como los atavíos de algunos dioses, entre ellos los de Quetzalcóatl. Según fray Bernardino de Sahagún, las palabras de Moctezuma fueron:

Mirad que me han dicho que ha llegado nuestro señor  Quetzalcóatl. Id y recibidle[…] Veis aquí estas joyas que le presentéis de mi parte, que son todos los atavíos sacerdotales que a él le  convienen…”

Lo que sigue es ya historia conocida. El tlatoani trata por todos los medios de alejar a Cortés y sus huestes, pero éste ha tenido
buena acogida por parte de los totonacas y a poco encalla las naves, con lo cual toma la determinación de conquistar Tenochtitlan. Sin embargo, cabe preguntarse la razón del desasosiego de Moctezuma, pues el regreso de un dios tan importante más bien debería ser motivo de regocijo.

El Códice Matritense (f. 191r) nos habla de otro retorno, el de Tloque
Nahuaque,
con el cual acabarían los tiempos. Dice así el texto:

“Ahora lentamente se va más allá el Señor Nuestro, Tloque
Nahuaque. Y ahora también nosotros nos vamos, porque lo acompañamos a donde él va, al Señor Noche Viento, porque se va, pero habrá de volver, volverá a aparecer, vendrá a visitarnos cuando esté para terminar su camino la Tierra.”

Quizá este relato explique los temores de Moctezuma.
En cuanto a Quetzalcóatl, la leyenda cuenta cómo al marcharse hacia el oriente después de abandonar Tula, se incinera en las orillas del agua celeste y su corazón se convierte en el lucero del alba.

De todas maneras, resulta interesante la actitud de Moctezuma de alejar a los recién llegados. Las estratagemas para acabar con los conquistadores fracasan, y así, finalmente, Cortés y sus hombres llegan al corazón del imperio y son recibidos por el tlatoani.
No sabemos si las palabras de recibimiento son parte de la
retórica náhuatl o si, por el contrario, Moctezuma aún pensaba que realmente era Quetzalcóatl que regresaba, después de haber visto las acciones y matanzas como la de Cholula.

Sea como fuere, las palabras atribuidas a Moctezuma, de
acuerdo con Sahagún, son las siguientes:

“¡Oh, señor nuestro! Seáis muy bien venido, habéis llegado a vuestra tierra y vuestro pueblo, y a vuestra casa México: habéis venido a sentaros en vuestro trono, y en vuestra silla, el cual yo en vuestro nombre he poseído algunos días[…] Esto es por cierto lo que nos dejaron dicho los reyes que pasaron, que habíais de volver a  reinar en estos reinos y que habíades de asentaros en vuestro trono, y en vuestra silla; ahora veo que es verdad lo que nos dejaron dicho…”

Estas palabras parecen confirmar el pensamiento de  Moctezuma en relación con los recién llegados. Prisionero del capitán español pocos días después, Moctezuma muere y su muerte es llorada por su pueblo.

Posteriormente, primero Cuitláhuac y después Cuauhtémoc asumen el mando de Tenochitlan y los combates arrecian por doquier.
Cortada el agua potable que venía de Chapultepec y sin tener manera de abastecerse de alimentos, los aztecas van debilitándose, pero aun así la resistencia es impresionante. Todo concluye  el 13 de agosto de 1521. Cuauhtémoc es tomado prisionero y llevado frente a Cortés; ahí pide la muerte digna del guerrero con aquellas palabras que han quedado grabadas en la historia:

“Señor Malinche, ya he hecho lo que soy obligado en defensa de mi ciudad, y no puedo más, y pues vengo por fuerza y preso ante tu persona y poder, toma ese puñal que tienes en la cintura y mátame luego con él.”

Cortés lo perdona, con lo cual el sufrimiento del joven tlatoani debió de ser infinito, pues no se le concedía morir sacrificado, como correspondía a un guerrero, para acompañar al Sol.

El retorno de los dioses había sido funesto. Con ellos traían otros dioses y otra manera de pensar. Callaban los sacerdotes de Huitzilopochtli para dejar la palabra a los sacerdotes cristianos.

Fuentes:

Pasajes de la Historia No. 6
Quetzalcóatl y su época / noviembre 2002
http://www.meta-religion.com/Religiones_antiguas/Mesoamerica/regreso_de_quetzalcoatl.htm#ixzz1uhh5d2ph
http://www.mexicodesconocido.com.mx/espanol/historia/prehispanica/detalle.cfm?idpag=3518&idsec=1&idsub=9

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