El Jardín de las Delicias (2° parte)

El Jerónimo Bosch que pintó el tríptico conocido como “El Jardín de las Delicias” – del cual vemos  el panel central donde se representan los placeres terrenales- ; estaba imbuido de ese  concepto medieval del pecado, que ve a todo goce corporal como obra del demonio. En esa concepción no tiene cabida la alegría del  cuerpo, esa  divinidad de lo natural que tan bien plasmó  el mundo griego, como  herencia de la cultura Cretomicénica. Todo ese tesoro de naturalidad, inocencia y frescura, es aquí  negado por obra del miedo. Es el miedo y no el placer el que subyace en este “Jardín de las Delicias”.

 
 
Entonces vemos  un abigarrado mundo estéril, donde la mirada del pintor juzga con  ojos  impiadosos, producto de su formación rígidamente  religiosa, a esas pequeñas criaturas  que hormiguean por doquier signadas por la fatalidad de ese su”ser humanos”.
El pintor no retrata al mundo, solo  pinta su idea de él.  El ojo no se acerca a la vida con amor, sino con una estereotipada  convicción de la vida como pecado
Las pequeñas figuritas, casi asexuadas, aunque se muestren  en posiciones eróticas no gozan del sexo, ni de las caricias, ni del cuerpo; y sin embargo la pulsion de lo instintivo y lo sexual es un grito irrefrenable que se convierte  en símbolo
La pintura del Bosco expresa esos  fantasmas de los años finales de la Edad Media, en los que la salvación tras la muerte, es la  gran obsesión y  la debilidad humana se vive como fatalidad.
 
 

Él vivió en un mundo cruel, La ignorancia y el analfabetismo alcanzaban a un 90% de la población, que veía su esperanza de vida en poco más de los cuarenta años.

Su pintura sólo fue redescubierta en el siglo XX, tras casi tres siglos de olvido. Esto no es una casualidad;  las generaciones anteriores no podían entender este arte extraño. Este es el arte de un mundo en turbulencia, una época de grandes convulsiones y cambios, desgarrado por tendencias contradictorias; un mundo de terrores  y violencia , una auténtica pesadilla…. , casi un mundo como el nuestro.

 
 

La Peste Negra, que diezmó Europa en el siglo XIV acabó con al menos un tercio de la población. La hambruna que siguió mató a muchos otros. El mundo resultante fue de oscuridad, caos y anarquía. La gente creía que la enfermedad estaba causada por los demonios y que la peste negra era un signo claro de la ira divina.
 Para la mente medieval el fin del mundo estaba cerca. Había una creencia popular de que éste se iniciaría a partir del  año 1500. El infierno estaba a punto de suceder  y  no había  posibilidad de redención;  para todos estaba claro que el viejo mundo se encontraba en estado de descomposición. y estaban a la deriva en un mundo frío, inhumano, hostil e incomprensible.
Al final, lo que ocurrió no fue el fin del mundo, sino sólo el fin de un sistema económico: el del feudalismo, y lo que llegó no fue la redención del  milenio, sino sólo el sistema capitalista.

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