María Sabina y “Los Niñitos de Dios” (2° parte )

 Los chamanes son curadores; sanan el cuerpo,  alivian las angustias y  atesoran  tradiciones que incluyen asombrosos conocimientos botánicos, brotados de una misteriosa rama  común arrancada del pasado de la humanidad. María Sabina, “la sabia de los hongos” manejaba esta sabiduría de cuyo origen nada se sabe.  Como su bisabuelo, su abuelo y su padre; ella simplemente se hizo curandera.

 Hacia el 1200 de nuestra era el pueblo Mazateco – su pueblo- se estableció en cercanías de la Sierra Madre Occidental. Se ignora aún ahora su procedencia.  Ellos afirman que sus antepasados vinieron del Ampadad “el lugar donde nace la gente” Otros pueblos les dieron el nombre de :”huitinicamane” (los que vienen de allá donde las flores). En la antigua corte del Imperio Azteca apreciaron todo el conocimiento sobre el uso de las plantas que trajeron a su reino.
Ese saber de las plantas es lo que María Sabina reveló a la humanidad, conocimientos ocultos antes del siglo XX. A  su legado se deben  medicamentos que se usan en la cura de diversas dolencias síquicas a partir de los componentes de tres variedades de hongos que ella mostró ( los hoy inscritos en el catálogo de alucinógenos como “Psilocybe Caerulenscens Murril Var Mazatecorum Heim”; “Stropharia Cubensis Earle”, y el “Psilocybe Mexicana Heim”) y que ella denominaba como  el “Derrumbe” (que crece en la tierra desbarrancada y en el bagazo de la caña de azúcar); el “San Isidro” (que crece en el excremento del toro), y el “Pajarito” o “Angelito (que brota al resguardo  de los maizales).
El científico Robert Gordon Wasson fue quien la dio a conocer,citándola profusamente en revistas y tratados médicos a partir de 1955;  cuando la visitó y quedó deslumbrado ante el efecto de los “honguitos divinos”.
Wasson, con la ayuda de Robert Heim,  director del Museo de Historia Natural de París, y del científico Albert Hofmann, descubridor del LSD, a partir de las instrucciones de María Sabina, logró rescatar de estos  hongos  los principios activos a los cuales se llama hoy “psilocibina” y “psilocina”. Wasson llamó a los hongos “enteógenos” (“Dios dentro de nosotros”), y junto a su esposa, Valentina Pavlovna, se convirtió  en el  creador de la ciencia etnomicológica. 
El secreto revelado, hoy permite curar esquizofrenias, y otros males psíquicos. Pero las primeras aplicaciones de estas sustancias en la medicina psiquiátrica, datan de 1970  cuando también se inscribe el fin de una práctica religiosa en Mesoamérica que se arrastraba desde hacía muchas centurias.
Paradojicamente, cuando la práctica secreta de la ingestión del hongo maravilloso fue sacada a la luz, la luz anunció el final.
A diferencia de los “gurúes” de la actualidad  que lucran con su legado, María Sabina vivió siempre en  una gran pobreza. Sólo al final de la vida pudo tener un verdadero colchón dónde descansar; incluso  las gentes de su pueblo la repudiaron durante largo tiempo por revelar los secretos de los “honguitos” a los extranjeros. En sus últimos años ella se lamentaba por la invasión de extraños; la divulgación por la prensa de la noticia del poder de los hongos , provocó la invasión de hippies a las montañas oaxaqueñas y  María Sabina lamentó la pérdida definitiva del poder divino de los hongos debido a la desaprensión con que eran consumidos

“Yo le pido a Dios.”-explicó alguna vez – “Por eso los hongos me dan poder, porque yo veo en ellos la carne de Dios. Sólo eso puedo ofrecer: la carne de Dios. Los que creen, sanan. Los que no creen no sanan. Por eso encontré al fin mi camino, porque entendí el Lenguaje de Dios. Desde que lo acepté, cuando me vi que debía mantener a mi madre y a mis hijos, fue que vinieron a verme desde lugares lejanos. En otros sitios supieron que mis palabras obligaban a salir la maldad, que curaban el cuerpo y borraban las heridas del espíritu. Yo no soy curandera porque no uso huevos para curar. No soy curandera porque no doy aguas para tomar. Ni soy hechicera porque no hago la maldad. Mi sabiduría viene desde el lugar donde nace la arena. Yo curo con lenguaje, nada más. Soy sabia, nada más. Soy conocida en los cielos, nada más. Solo soy una que habla con Dios, nada más. ”

 

Continuará

 

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